Hormigas, arañas y abejas

Se trata de una interesante entrada sobre los límites del conocimiento, que copiamos de este interesante blog.
Las ciencias han sido tratadas o por los empíricos o por los dogmáticos. Los empíricos, semejantes a las hormigas, sólo deben recoger y gastar; los racionalistas, semejantes a las arañas, forman telas que sacan de sí mismos; el procedimiento de la abeja ocupa el término medio entre los dos; la abeja recoge sus materiales en las flores de los jardines y los campos, pero los transforma y los destila por una virtud que le es propia.
Ésta es la imagen del verdadero trabajo de la filosofía, que no se fía exclusivamente de las fuerzas de la humana inteligencia y ni siquiera hace de ella su principal apoyo; que no se contenta tampoco con depositar en la memoria, sin cambiarlos, los materiales recogidos en la historia natural y en las artes mecánicas, sino que los lleva hasta la inteligencia modificados y transformados. Por esto todo debe esperarse de una alianza íntima y sagrada de esas dos facultades experimental y racional, alianza que aún no se ha verificado.
Francis Bacon: Novum Organum, 95
Este texto de Francis Bacon nos ofrece una buena introducción a uno de los problemas más característicos de la filosofía como racionalidad teórica: el del origen y los límites del conocimiento. ¿Hasta dónde llega la capacidad del conocimiento humano? ¿Es toda la realidad permeable a nuestra razón o hay cosas que nos son incognoscibles? ¿De dónde proceden nuestros conceptos? ¿Son elaborados todos a partir de la experiencia? ¿O poseemos también algunos conceptos que no proceden de ella? ¿Es posible conocer más allá de la experiencia? Os dejo un nuevo glog donde se repasan las diferentes corrientes filosóficas que han intentado encontrar una solución a estos problemas epistemológicos:racionalismo (arañas), empirismo (hormigas) y apriorismo kantiano(abejas). Quizá le debamos al gran pensador alemán la mejor clarificación llevada a cabo sobre este complejo tema. 
No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia. Pues ¿cómo podría ser despertada nuestra facultad de conocer, sino mediante objetos que afectan a nuestros sentidos, y que ora producen por sí mismos representaciones, ora ponen en movimiento la capacidad del entendimiento para comparar estas representaciones, para enlazarlas o separarlas, y para elaborar de este modo la materia bruta de las impresiones sensibles, con vistas a un conocimiento de los objetos denominado experiencia? Por consiguiente, en el orden temporal, ningún conocimiento precede a la experiencia, y todo conocimiento comienza con ella.Pero, aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia. En efecto, podría ocurrir que nuestro mismo conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos mediante las impresiones, y de lo que nuestra facultad de conocer produce (simplemente motivada por las impresiones) a partir de sí misma. En tal supuesto, no distinguiríamos esta adición, respecto a dicha materia fundamental, hasta que un prolongado ejercicio no nos hubiera ayudado a fijarnos en ella y no nos hubiera adiestrado para separarla.

I. Kant: Crítica de la razón pura, BI-2
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